ESTÉTICA CRISTIANA EN SAN AGUSTÍN


BELLEZA DEL COSMOS.


“Todas Las cosas son tanto mejores cuanto son más moderadas, hermosas, ordenadas.

En cambio son tanto peores cuanto menos moderadas, hermosas y ordenadas.

Estas tres cosas, pues: el modo , la belleza y el orden, por no hablar de otros innumerables bienes que se reducen a estos, estas tres cosas, repito , o sea ; el modo, la belleza y el orden, son como bienes generales, que se encuentran en todos los seres creados por Dios, lo mismo en los espirituales que en los corporales…Entre todos estos bienes, no obstante, los que son pequeños en comparación con los más grandes , son llamados con nombres contrarios , por ejemplo, comparada con la complexión humana , que posee una belleza mayor , la belleza del simio es llamada deformidad.

De este modo se engaña a los incautos , como si aquello fuera un bien y esto un mal; estos no captan en el cuerpo del simio el modo propio, la correspondencia simétrica de los miembros , la cohesión de las partes , la protección de la incolumidad y otros aspectos que sería demasiado largo tratar.

También un simio posee el bien de la belleza , aunque en un grado inferior…Así se habla de luminoso y oscuro, como de dos contrarios , sin embargo , también lo que es oscuro tiene cierta luz ; si carece totalmente de ella , son las tinieblas en cuanto ausencia de luz , como el silencio en ausencia del sonido…No obstante también estas carencias de las cosas forman parte del orden general de la naturaleza , hasta el punto de ocupar un lugar propio no desdeñable en la consideración de los sabios.”

SAN AGUSTÍN DE LA NATURALEZA DEL BIEN 3 14 15 16 17

La cultura griega no creía que el mundo fuera necesariamente bello en su totalidad.

Su mitología explicaba sus fealdades y errores y para Platón la realidad sensible no era más que una torpe imitación de la perfección del mundo de las ideas.

En cambio, el arte veía en los dioses el modelo de la belleza suprema y a esa perfección aspiraba la escultura que representaba a los habitantes del Olimpo.

Paradójicamente en el mundo cristiano la relación, al menos en ciertos aspectos, se invierte: desde un punto de vista teológico-metafísico, todo el universo es bello porque es obra divina, y esta belleza total incluso redime en cierto modo la fealdad y el mal; no obstante, la expresión humana de la divinidad, Jesucristo, que sufrió por nosotros, es representada en el momento de su máxima humillación.

“A lo bello superesencial lo llamamos, sí, belleza, en razón de esa belleza que comunica a todas las cosas según la capacidad de cada uno, en cuanto que es causa de toda proporción y esplendor, al difundir en todas las cosas a modo de luz las irradiaciones de su rayo originario engendradoras de belleza, llamándolas así ; por eso se llama belleza, y recoge a todo en todo en sí misma…2

SAN AGUSTÍN DE LOS NOMBRES DIVINOS IV, 7, 135

Desde los primeros siglos, los padres de la Iglesia hablan constantemente de la belleza de todo el ser.

Sabían por el Génesis que, al final del sexto día, Dios vio que todo lo que había hecho era bueno (1,31), y la Sabiduría recordaba que el mundo había sido creado por Dios según número, peso y medida; esto es, según criterios de perfección matemática.

Junto a la tradición bíblica, la filosofía clásica contribuía a reforzar esta visión estética del universo.

El concepto de la belleza del mundo como reflejo de la belleza ideal era de origen platónico y Calcidio entre los siglos III y IV d.C) en su comentario al Timeo habló del “espléndido mundo de los seres generados…de incomparable belleza”

La Edad Media se verá influida por una obra de sello neoplatónico siglo V d.C), De los nombres divinos, del Pseudo Dionisio Areopagita.

En esta obra el universo aparece como una inagotada irradiación de esplendores, una grandiosa manifestación de la expansividad de la belleza primera, una cascada cegadora de luces: “Lo bello superesencial, es decir, una naturaleza divina, comunica su propia belleza a todos los seres, según la capacidad de cada uno, y es esa causa del esplendor de todas las cosas.” (De los nombres divinos IV. 7, 135)

Este texto dio origen a todas las sucesivas reflexiones en la Edad Media sobre la belleza del universo y cómo desde la belleza de todas las cosas es posible remontarse por analogía a la belleza divina.

“¿Hay algo más tétrico que un verdugo?

¿Hay algo más feroz y cruel que ese espíritu? Pero en las leyes ocupa un lugar necesario y forma parte del orden de un estado bien gobernado…

¿Hay algo que pueda considerarse más repugnante, carente de dignidad y lleno de obscenidad que las prostitutas, los proxenetas y otras plagas por el estilo?

Haz desaparece a las meretrices de la sociedad y lo convulsionarás todo con las pasiones desordenadas.

Ponlas en el puesto de las mujeres honestas y lo deshonrarás todo con la culpa y la desverguenza…

¿No es cierto que si te fijas sol o en algunos miembros de los cuerpos de los animales no puedes mirarlos?

No obstante, el orden de la naturaleza, puesto que son necesarios, ha querido que faltaran y puesto que son indecentes , no ha permitido que se notaran mucho . Y esas partes deformes ocupando su puesto ha dejado el lugar mejor a las partes mejores…Los poetas han utilizado lo que llaman solecismos y barbarismos; han preferido, cambiando los nombres, llamarlos figuras y transformaciones, en vez de evitarlos como errores evidentes.

Pues bien, quítalos de las poesías, y notaremos la falta de suavísimas atenuaciones.

Reúne muchos en una sola composición, y me causará irritación porque todo será relamido, pedante y afectado…

El orden que los rige y los modera no soportará que haya demasiados ni que estén en todas partes.

Un discurso modesto y casi descuidado destaca las expresiones elevadas y los pasajes elegantes alternándose con estos.”

SAN AGUSTÍN DEL ORDEN IV, 12-13

En “Del orden”, Agustín argumentaba que se produciría sin duda falta de armonía e “insulto para la vista” cuando en un edificio apareciera una errónea disposición de las partes, pero destacaba que el error también forma parte del orden general.

En las “Confesiones” (VII) nos dice que el mal y la fealdad no existen en el plan divino.

La corrupción es un daño, pero se habla de daño cuando se produce una disminución de un bien anterior.

Si todo lo que se corrompe sufre una privación de valor , eso quiere decir que antes de la corrupación había un valor positivo.

Si la privación de valor fuera total, una cosa dejaría de existir. De modo que el mal y la fealdad en sí no pueden existir, porque serían “una nada absoluta”.

En “ De la naturaleza del bien contra los maniqueos. (VII), Agustín dirá que ni siquiera es un mal lo que los antiguos llamaba “hyle”, materia absolutamente informe y sin cualidad alguna.

Incluso la madera no trabajada aún  es materia apta para que la trabajen, de modo que de ella sea hecho algo.

Si no pudiera recibir la forma que le imprime el artífice, ciertamente no se llamaría materia.

Además si la forma es un bien, por lo cual se llaman mejor formados los que por ella sobresalen, como se llaman bellos por la belleza, no hay duda de que también es un bien la misma capacidad de recibir forma.

Si es bella incluso la materia informe, será bello también el animal que los imprudentes juzgan monstruoso , como el mono, que presenta en cambio una justa proporción de sus partes.

Siguiendo las huellas de Agustín encontramos en el pensamiento escolástico varios ejemplos de justificación de la fealdad en el marco de la belleza total del universo, donde también la deformidad y el mal adquieren el mismo valor con el que, en el claroscuro de una imagen, en la proporción de las luces y sombras, se manifiesta la armonía del conjunto.

Se dirá que también los monstruos son bellos porque son seres y como tales contribuyen a la armonía del conjunto y que, aunque el pecado destruye el orden de las cosas, este orden es restablecido por el castigo , por lo cual los condenados al infierno son ejemplo de una ley de armonía. O bien se intentará atribuir la impresión de fealdad a nuestros defectos de percepción , de modo que a algunos lo feo les parezca tal por falta de luz, por una distancia incorrecta, por haber mirado de forma sesgada o por la atmósfera neblinosa que deforma el contorno de las cosas.

En la onda del Areopagita, Escoto Erígena (siglo IX) elaborará una concepción del cosmos como revelación de Dios y de su belleza inefable a través de bellezas ideales y corporales; y se extenderá sobre la venustez de toda la creación, de las cosas semejantes y de las desemejantes, de la armonía de los géneros y de las formas, de los órdenes diferentes de causas sustanciales y accidentales encerrados en una maravillosa unidad.(La división de la naturaleza 3)

Y no hay autor medieval que no insista en este tema de la pancalia o belleza de todo el universo.

¿CÓMO EXPLICAR ENTONCES EL ORIGEN DEL MAL Y DE LA FEALDAD?

En la identificación tradicional de lo Bello y Bueno , decir que todo el universo era bello significaba decir al mismo tiempo que era bueno y viceversa.

¿Cómo conciliar esa convicción “pancalística” con el hecho evidente de que en el mundo existen el mal y la deformidad?

La solución la anticipó San Agustín , que de la justificación del mal en un mundo querido por Dios hizo uno de sus temas fundamentales.

No hay mal en absoluto para ti y no solamente para ti, sino para el conjunto de tu creación.

Nada hay fuera de ella que irrumpa y corrompa el orden que tú le impusiste.

Sucede que, en algunas partes de tu creación , hay cosas que nosotros creemos malas porque no convienen a otros.

Pero como estas mismas concuerdan con otras, son también buenas.

Ciertamente, en sí mismas son también buenas.

Y todas las cosas que no concuerdan con otras convienen o que se adapten a la parte inferior de la creación que llamamos tierra.

El cielo con sus nubes y vientos se adapta a la tierra que pertenece.

Lejos de mi decía : “Ojalá no existieran estas cosas”. Pues, aunque solo viera estas cosas, podría desear otras mejores, pero aun por estas debería alabarte. Porque todas las cosas te alaban desde la tierra, monstruos marinos, fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso que ejecuta tu palabra…”

SAN AGUSTIN CONFESIONES VII 13.

En realidad Dios, al no iluminar determinados lugares y tiempos, ha hecho las tinieblas de manera conveniente del mismo modo que los días.

Por otra parte, si nosotros al retener el sonido intercalamos en el discurso un silencio conveniente, cuanto más él, como artífice perfecto de todas las cosas, producirá de modo conveniente carencias en algunas de ellas.”

Umberto Eco Historia de la Fealdad La visión pancalística del universo.

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