¿LO FEO?


Entrevista a Umberto Eco sobre su Historia de la Fealdad.

Subtitulada al español.

A lo largo de los siglos, filósofos y artistas han ido proporcionando definiciones de lo bello, y gracias a sus testimonios se ha podido reconstruir una historia de las ideas estéticas a través de los tiempos.

No ha ocurrido lo mismo con lo feo, que casi siempre se ha definido por oposición a lo bello y a lo que casi nunca se han dedicado estudios extensos, sino más bien alusiones parentéticas y marginales. No obstante, la historia de la fealdad tiene algunos rasgos en común con la historia de la belleza… Ante todo, tan solo podemos suponer que los gustos de las personas corrientes se correspondieran de algún modo con los gustos de los artistas de su época

A un occidental, una máscara ritual africana le parecería horripilante, mientras que para el nativo podría representar una divinidad benévola. Por el contrario, al seguidor de una religión no occidental le podría parecer desagradable la imagen de un Cristo flagelado, ensangrentado y humillado, cuya aparente fealdad corporal inspiraría simpatía y emoción a un cristiano.

En el caso de otras culturas, ricas en textos poéticos y filosóficos (como, por ejemplo, la india, la japonesa o la china), vemos imágenes y formas pero, al traducir textos literarios o filosóficos, casi siempre resulta difícil establecer hasta qué punto ciertos conceptos pueden ser identificables con los nuestros, aunque la tradición nos ha inducido a traducirlos a términos occidentales como “bello” o “feo”. Y aunque se tomaran en consideración las traducciones, no bastaría saber que en una cultura determinada se considera bella una cosa dotada, por ejemplo, de proporción y armonía.

¿Qué significan, en realidad, estos dos términos? Su sentido también ha cambiado a lo largo de la historia occidental. Solo comparando afirmaciones teóricas con un cuadro o una construcción arquitectónica de la época nos damos cuenta de que lo que se consideraba proporcionado en un siglo ya no lo era en el otro; cuando un filósofo medieval hablaba de proporción, por ejemplo, estaba pensando en las dimensiones y en la forma de una catedral gótica,mientras que un teórico renacentista pensaba en un templo del siglo XVI, cuyas partes estaban reguladas por la sección áurea, y a los renacentistas les parecían bárbaras y, justamente, “góticas”, las proporciones de las catedrales.

Los conceptos de bello y de feo están en relación con los distintos períodos históricos o las distintas culturas y, citando a Jenófanes de Colofón (según Clemente de Alejandría, Stromata , V, 110), “si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos, o pudiesen dibujar con las manos, y hacer obras como las que hacen los hombres, semejantes a los caballos el caballo representaría a los dioses, y semejantes a los bueyes, el buey, y les darían cuerpos como los que tiene cada uno de ellos”.

Decir que belleza y fealdad son conceptos relacionados con las épocas y con las culturas (o incluso con los planetas) no significa que no se haya intentado siempre definirlos en relación con un modelo estable. Se podría incluso sugerir, como hizo Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos , que “en lo bello el hombre se pone a sí mismo como medida de la perfección” y “se adora en ello El hombre en el fondo se mira en el espejo de las cosas, considera bello todo aquello que le devuelve su imagen Lo feo se entiende como señal y síntoma de degeneración

Todo indicio de agotamiento, de pesadez, de senilidad, de fatiga, toda especie de falta de libertad, en forma de convulsión o parálisis, sobre todo el olor, el color, la forma de la disolución, de la descomposición todo esto provoca una reacción idéntica, el juicio de valor feo ¿A quién odia aquí el hombre? No hay duda: odia la decadencia de su tipo”

Los teóricos muchas veces no tienen en cuenta numerosas variables individuales, idiosincrasias y comportamientos desviados. Si bien es cierto que la experiencia de la belleza implica una contemplación desinteresada, un adolescente alterado puede experimentar una reacción pasional incluso ante la Venus de Milo.

Lo mismo cabe decir respecto a lo feo: de noche, un niño puede soñar aterrorizado con la bruja que ha visto en un libro de cuentos, que para otros niños de su edad no sería más que una imagen divertida. Probablemente muchos contemporáneos de Rembrandt, además de apreciar la maestría con que el artista representaba un cadáver diseccionado sobre la mesa de anatomía, podían experimentar reacciones de horror como si el cadáver fuese real, del mismo modo que el que ha padecido un bombardeo tal vez no puede mirar el Guernica de Picasso de una forma estéticamente desinteresada, y revive el terror de su antigua experiencia.

De ahí la prudencia con que debemos disponernos a seguir esta historia de la fealdad, en sus variedades, en sus múltiples articulaciones, en la diversidad de reacciones que sus distintas formas suscitan, en los matices conductuales con que se reacciona. Considerando en cada ocasión si, y hasta qué punto, tenían razón las brujas que en el primer acto de Macbeth gritan: “Lo bello es feo y lo feo es bello” Humberto Eco Historia de la Fealdad

¿ES LO FEO SIMPLEMENTE LO CONTRARIO DE LO BELLO?

“Decir QUE Belleza y fealdad son conceptos relacionados con las épocas y con las culturas o incluso con los planetas no significa que no se haya intentado siempre definirlos en relación con un modelo estable…¿Podrá, pues definirse simplemente lo feo como lo contrario de lo bello , un contrario que también se transforma cuando cambia la idea de su opuesto?

¿La historia de la fealdad puede ser el contrapunto simétrico de la historia de la belleza?

Umberto Eco. Historia de la Fealdad


POLICLETO Y SU CANON DE BELLEZA.

El canon de belleza es el conjunto de aquellas características que una sociedad considera convencionalmente como bonito, atractivo o deseable, sea en una persona u objeto. Es históricamente variable y no es común a las diferentes culturas.

Policleto (en griego Πολύκλειτος), llamado «el Viejo» para diferenciarlo de su hijo,[1] fue un escultor griego en bronce del siglo V y principios del siglo IV a. C.

Policleto fue famoso sobre todo por sus estatuas de dioses y atletas realizadas en bronce, aparte de la enorme estatua de la diosa Hera, destinada al culto en el Hereo de Argos.

Policleto, junto con Fidias, creó el estilo griego clásico. Aunque ninguna de sus obras originales sobrevive, las fuentes literarias que identifican copias en mármol romanas de su obra permiten reconstruir cómo eran. Un elemento esencial de su estilo es el uso de una postura relajada y equilibrada, el equilibrio de peso conocido actualmente como contrapposto, que ofrece la fácil naturalidad que era una fuente de su fama.

Realizó un cuidadoso estudio sobre las proporciones del cuerpo humano, un canon de la belleza ideal masculina basado en proporciones matemáticas, es el llamado «canon de 7 cabezas». Su método consiste en dividir en cuatro la figura humana: una línea vertical divide el cuerpo en dos mitades simétricas y otra transversal dividía el cuerpo a la altura de la cadera. Los cuatro sectores se denominan 1, 2, 3, 4 partiendo a la izquierda superior y rotando en el sentido de las agujas del reloj. Los pares formados (1,3 y 2,4) debían ser desiguales: si el lado 1 estaba relajado (mano, brazo y hombro caído) el lado opuesto debe estar flexionado (3) y convenientemente repartido el peso: pierna y pie flexionado. Lo mismo ocurre con el otro par: si uno está flexionado, el otro está recto, y viceversa.

[Wikipedia.]

¿EXISTE UN CANON UNIVERSAL O LA BELLEZA FEMENINA DEPENDE DE FACTORES HISTÓRICOS Y CULTURALES?

  • “En las sociedades primitivas se prefería a la mujer gruesa, pues era símbolo de fertilidad, prestigio y alto estatus”, como se ve en la figura.
  • “Durante el Imperio Romano se destaca el papel procreador de la mujer”.
  • “Durante la Edad Media engordar era símbolo de riqueza y salud. El atractivo se centraba más en la ornamentación externa que en el cuerpo y apenas se distinguía la vestimenta de ambos sexos”.
  • “A partir del siglo XIV se empieza a diferenciar la ropa entre hombre y mujer (se piensa que éste es el inicio de la moda). El cuerpo de la mujer empieza a valorarse socialmente, usando ropa que lo realce”.
  • “En los siglos XV a XVIII se sigue valorando a la mujer rolliza con grandes caderas y pechos. Incluso se llega a colocar almohadillas bajo la ropa para acentuar dichos atributos. Ser una mujer gruesa era sinónimo de riqueza y salud; los hombres se enorgullecían de tener una esposa así porque significaba que la podía mantener”. Foto del David de Miguel Angel. Comentario: “En el renacimiento, al igual que en la Grecia Clásica, se ensalzaba el cuerpo del hombre atlético”.
  • “En el siglo XVIII está en auge la moda francesa. Se rige por el uso del corsé (para diferenciar clases sociales)  y el miriñaque (para destacar las caderas). Comer poco era signo de distinción”.
  • “La Revolución Francesa promueve un acercamiento a las clases sociales, por ello elimina el corsé y el miriñaque. La ropa resalta las zonas del cuerpo sin reducirlas”.
  • “En el siglo XIX volvemos a lo anterior… Se resaltan  de nuevo muslos, caderas y nalgas y se vuelve a usar el miriñaque”.
  • “Con la Revolución Industrial mejoran los medios de comunicación y, con ellos, hay una mayor facilidad para difundir los valores estéticos: corsé (talle de avispa), polisón (resaltar nalgas) y faldas que se estrechan hasta las rodillas.  Se detectan los primeros casos de anorexia nerviosa”.
  • “En el siglo XX empiezan a enseñarse las piernas y aparece la falda corta y la falda pantalón.
  • Mujeres ugandesas (labios plato). Si te fijas, se colocan grandes platos en el labio inferior hasta llegar a su deformación. Para ellos, éste es su símbolo de belleza.
  • Mujeres massai (orificios lobulares). Las mujeres massai utilizaban carretes metálicos para prolongar sus lóbulos hasta los hombros. También se ponían discos en la boca e iban aumentando su tamaño.
  • Mujeres de la tribu Karen (cuellos de jirafa). Los collares se utilizan para resaltar la belleza y como detalle para saber que provienen de una familia rica. Una mujer Kayan se colocó hasta 27 collares, pesaban 9 kilos y le alargaban el cuello unos 10 cm. Éstos son permanentes, pues pasado el tiempo los músculos se atrofían y si se retiraran los collares no podrían sostener su propio cuello.
  • Mujeres chinas (pies reducidos). El pie parece no ser considerado bello en China, por lo que, a las mujeres, desde niñas, les vendaban los pies para reducirlos un tercio el tamaño.

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