El yo

Conductismo Psicológico

Skinner, B. F. – Sobre el conductismo

Psicoanálisis

Psicologia de las masas y analisis del yo. Freud [Psicoanálisis]

YO

Concepto psicoanalítico. Presentado por Freud en la llamada “segunda tópica”, junto con el ello y el super-yo, el yo (o “ego”) es la parte de la personalidad que se organiza como consecuencia de la influencia del ambiente. Por su capacidad para evaluar y comprender la realidad, el yo le permite al sujeto superar las amenazas externas e internas. El yo se rige por el principio de realidad y en él funcionan los procesos secundarios (percepción, pensamiento, …). Es básicamente consciente y de su dominio en la actividades del sujeto depende la salud psíquica del mismo.

© Javier Echegoyen Olleta

Skinner, B.F. (1975) El yo y los otros. En Sobre el conductismo. Edt Fontanella, Pa. 155-172 

Con frecuencia se dice que la ciencia del comportamiento estudia el organismo humano, pero descuida la persona o el yo. En realidad, lo que descuida es un vestigio del animismo, una doctrina que en su forma más cruda sostenía que el cuerpo se movía por la acción de uno o más espíritus que lo habitaban. Cuando el comportamiento resultante era destructivo, el espíritu probablemente era un demonio; cuando era creativo, se trataba de un genio orientador. Existen huellas supervivientes de esa doctrina cuando hablamos de un personalidad, de un yo en la psicología del yo, de un yo que dice saber lo que va a hacer y utiliza su cuerpo para hacerlo, o del papel que desempeña una persona como persona en un drama, en el que lleva su cuerpo como un traje.

En el análisis comportamental, la persona es un organismo, miembro de la especie humana que ha adquirido un repertorio de comportamientos. Sigue siendo un organismo para el anatomista, y para el fisiólogo, pero es una persona para aquellos para quienes su comportamiento es importante. Contingencia complejas de comportamiento crean repertorios complejos, y, como ya lo hemos visto, contingencias diferentes crean personas diferentes, bajo una misma piel, de las cuales las llamadas personalidades múltiples son solamente una manifestación externa. Lo importante es lo que sucede cuando se adquiere un repertorio. La persona que afirma su libertad diciendo “Yo determino lo que he de hacer”, está hablando de libertad en, o libertad a partir de una situación actual. El yo que de esta manera parece tener opción es el producto de una historia de la cual no es libre y que, de hecho, determina lo que la persona hará posteriormente.

La persona no es un agente generador; es un locus, un punto en el cual confluyen muchas condiciones genéticas y ambientales en un efecto común. Como tal, sigue siendo indiscutiblemente única. Nadie más (a no ser que tenga un gemelo idéntico) tiene su dotación genética, y nadie más, sin excepción, tiene su misma historia personal. Por tanto, nadie más se comportará exactamente de la misma manera. Nos referimos al hecho de que no hay nadie como ella cuando hablamos de su identidad. (El término latino significa , y cuando se pregunta si alguien es realmente así o asá, podemos responder coloquialmente, , o , o podemos decir que una persona que se queja de que sus vecinos le incomodan, es que incomoda a otros.)

A continuación debemos considerar una serie de términos que describen a la persona y su relación con los otros.

EL CONOCIMIENTO DE SI MISMO

Cuando se pregunta lo que una persona puede saber acerca de sí misma, pasamos de inmediato a otra pregunta: ¿Quién puede conocer acerca de quién? La respuesta se debe encontrar en las contingencias que producen tanto al yo que conoce como la cosa desconocida. Cuando decimos que un jugador de tenis porque falla un golpe fácil, hacemos una distinción entre dos yo bajo la misma piel. Está enojado porque algo le ha perjudicado, y ha sido él quien ha hecho lo que le ha perjudicado, y, por tanto, está furioso consigo mismo. Incluso puede llegar a golpear agresivamente. El auto-conocimiento se hace una distinción similar.

Todas las especies, excepto el hombre, se comportan sin saber que lo hacen, y posiblemente esto sucedió también con el hombre hasta que llegó la comunidad verbal a preguntar acerca del comportamiento y a generar así el comportamiento auto-descriptivo. El auto-conocimiento tiene origen social, y es útil primero a la comunidad que hace las preguntas. Más tarde se torna importante para la persona misma – por ejemplo, cuando se administra o se controla a sí misma en las formas que pronto comentaremos-.

Diferentes comunidades generan diferentes clases y cantidades de auto-conocimiento y diferentes maneras en las cuales las personas se explican a sí mismas ante sí mismas y ante los otros. Algunas producen la persona profundamente introspectiva e introvertida, o dirigida interiormente; otra, la persona extravertida. Algunas producen personas que solamente actúan después de una cuidadosa consideración de las posibles consecuencias, y otras comunidades producen personas irreflexivas e impulsivas. Algunas comunidades producen personas particularmente conscientes de sus reacciones frente al arte, la música o la literatura; otras las producen conscientes de sus relaciones con las personas que las rodean. Las preguntas que hacen los psicólgos mentalistas y las que hacen los conductistas producen, naturalmente, diferentes clases de auto-conocimiento. Los primeros destacan el cómo se siente la persona respecto de las cosas.

Existen pocas dudas respecto de la prioridad histórica de la indagación interior. Eso era lo que Sócrates quería decir con . (Inscripción que aparece en la pared de un baño romano debajo de un mosaico de un esqueleto – la versión anatómica del yo-.) Montaigne hablaba de y de . Esta es la prioridad de que disfrutan los sentimientos y los estados observados introspectivamente en los ambientes pasados y presentes.

Las preguntas acerca de los sentimientos tienden a estar estrechamente asociadas con un sentido de sí mismo o con una auto-imagen. Destacan lo que la persona es, su estado actual de ser. Los existencialistas, los fenomenólogos y los psicólogos humanistas han insistido en la auto-observación en esta búsqueda del yo. Se ha definido el yoga como una serie de prácticas . Solamente el yo liberado puede afirmar: , o . decía Diderot, . Bufón lo señaló en una frase bien conocida: .

El psicoanálisis da a la persona una imagen más clara de sí misma, principalmente induciéndole a explorar sus sentimientos, y el auto-conocimiento que fomenta frecuentemente se llama insight, término muy cercano a . El paciente debe aprender a sentir sus propias emociones, a reconocer los sentimientos asociados con el comportamiento castigado, y así sucesivamente.

En el análisis des ser se destaca naturalmente la estructura, y existe una versión conexa del desarrollismo que destaca el llegar a ser. Desde el punto de vista que aquí se presenta, cualquier cambio se da en un repertorio y se debe atribuir a contingencias que cambian. Cuando un cambio es destructivo, la persona puede no sentir que se conoce a sí misma; se dice que experimenta una crisis en su identidad. Es difícil mantener una identidad cuando cambian las condiciones, pero la persona puede ocultarse los yo conflictivos, posiblemente ignorando o disfrazando uno o más de ellos, o rotulando uno como extraño, como sucede en la explicación poco característica del comportamiento que consiste en decir .

La comunidad verbal pregunta: <¿Cómo te sientes?>, en lugar de: <¿Por qué te sientes así?>, porque es más probable obtener una respuesta de esa manera. Aprovecha la información disponible, pero ella es la única culpable de que no haya otras clases de información disponibles. Sólo recientemente ha inducido a la persona a examinar las condiciones externas bajo las cuales vive. Sin embargo, en la medida en que se ha hecho más clara la importancia de la historia ambiental, se han empezado a hacer preguntas prácticas, no acerca de los sentimientos y estados de la mente, sino acerca del ambiente, y las respuestas están resultando cada vez más útiles.

Sin embargo, el cambio de la evidencia introspectiva a la evidencia ambiental, no garantiza una mejora de precisión en el auto-conocimiento. No siempre observamos las contingencias a las cuales nos encontramos expuestos. Podemos conservar registros de lo que ha sucedido, como acontece con un diario, pero en general nuestra información es esquemática. No siempre estamos observando lo que sucede mientras nos comportamos, y cuando se nos pregunta cómo nos hubiéramos comportado bajo determinadas circunstancias, frecuentemente hacemos mala conjeturas, incluso aunque nos hayamos encontrado sometidos a circunstancias similares en el pasado. Entonces, como es usual, es probable que expliquemos lo inexplicable atribuyéndolo a la dotación genética – afirmando <ASÍ nacía>o <ES persona que la de soy clase>.

Sin embargo, es importante examinar las razones del propio comportamiento tan cuidadosamente como sea posible porque son esenciales, como ya lo dijimos, para un buen manejo de sí mismo. No nos debería sorprender que cuanto más conocemos acerca del comportamiento de los demás, mejor nos entendemos a nosotros mismos. Fue el interés práctico por el comportamiento de <EL otro>lo que condujo a esta nueva clase de auto-conocimiento. El análisis experimental del comportamiento, ha hecho posible aplicar a uno mismo mucho de lo que se ha aprendido acerca del comportamiento de otros, incluyendo otras especies.

Los que buscan conocerse a través de la exploración de sus sentimientos proclaman con frecuencia una clase exclusiva de conocimiento. Por ejemplo, se dice que sólo quienes han pasado por un psicoanálisis entienden lo que significa el psicoanálisis, y los místicos mencionan experiencias que no se pueden comunicar, o que los otros no pueden conocer excepto a través de canales similares. Puede decirse igualmente que sólo quienes saben lo que es el análisis experimental y su utilización en la interpretación del comportamiento humano pueden entenderse a sí mismos en un sentido científico o tecnológico.

CONOCIMIENTO DE OTRA PERSONA

Cuando preguntamos por qué otra persona se comporta como lo hace, podemos distinguir también entre lo que siente u observa introspectivamente y lo que ha acontecido. El descubrir cómo se siente o qué piensa forma parte del aprendizaje de lo que ella es, o está siendo, o en lo que se está convirtiendo. El primer paso consiste en establecer contacto con ella, posiblemente en un o . En cualquier caso, eso requiere la existencia de buenas y de habilidad para compartir sentimientos a través de la simpatía, palabra que en un tiempo simplemente significaba . El entrenamiento de la sensibilidad se ha diseñado para ayudar en esta labor. El observador debe llegar a involucrarse y, de la misma manera como el matemático del cual se dice que piensa intuitivamente porque no ha dado los pasos explícitos que conducen a la conclusión, así debe el observador intuir los sentimientos de los otros – es decir, conocerlos directamente sin que necesariamente sea capaz de explicar por qué lo hace-.

Sin embargo, una persona no establece contacto directo con el mundo interior de otra, y el llamado conocimiento del otro con frecuencia es simplemente una habilidad para predecir lo que esa persona va a hacer. Así pues, se ha dicho que la forma como los miembros de un equipo de entrenamiento perciben 8y, por tanto, conocen) a sus entrenados se indica por la forma en que pueden predecir cómo responderán éstos a una serie de preguntas. Pero nosotros entendemos a otra persona, en parte, a partir de le expresión de sus sentimientos. En algún tiempo se decía que los actores eran capaces de gozo, tristeza, etc., con expresiones faciales, posturas y movimientos, y que el auditorio leía estas expresiones y, por tanto, entendía los caracteres y sus motivos, presumiblemente porque había aprendido a hacerlo en la vida real con personas reales.

Podemos utilizar la expresión de sentimientos preguntándonos cómo nos comportaríamos si nosotros mismos tuviéramos los sentimientos así expresados. O podemos preguntar qué clases de comportamientos ha tendido a acompañar en el pasado una expresión dada. Así podemos predecir qué hará una persona que parece airada, no deteniéndonos a preguntarnos qué haríamos si tuviéramos esa apariencia, sino recordando lo que hace la gente que parece airada. La atribución de sentimientos a otros se llama empatía. Cuando los proyecta en una cosa inanimada, obviamente está cometiendo un error, y a su comportamiento se le ha llamado falacia patética. El se comporta de manera furiosa, pero no suponemos que sienta furia. Simplemente inferimos que durante algún tiempo seguirá comportándose de manera furiosa. También podemos equivocarnos cuando proyectamos sentimientos sobre otra persona. La persona puede , pero lo hace con diferentes partes de su cuerpo, con diferentes repertorios. Podemos ser capaces de descubrir cómo se siente ella alterando las contingencias. Si actúa de manera airada debido a contingencias sociales vigentes en las cuales el se castiga, podemos cambiar las contingencias de manera que actúe como si estuviera temerosa. En ambos casos, lo que ella sentía estaba generado por ciertos rasgos de la situación más que por el comportamiento iracundo simulado. La persona dice que se siente valiente cuando realmente está temerosa, es como la persona que actúa de manera valiente cuando se siente temerosa, y podemos descubrir lo que siente alterando las contingencias.

La psicoterapia es particularmente importante cuando las contingencias responsables de un informe verbal son tan poderosas que la misma persona no . El terapeuta . Cuando actúa de manera iracunda mientras se siente temerosa, esa es la clase de persona que ella es en ese momento. No necesitamos suponer que haya una persona temerosa escondida en las profundidades.

Desconfiamos de los informes de los sentimientos, especialmente cuando están en conflicto con otras evidencias. En los primeros días de la anestesia hubo un ejemplo curioso de esto cuando muchas personas se resistían a ser sometidas a una operación importante alegando que el daño producido al cuerpo estaba claramente asociado con el dolor, y que era posible que el anestésico simplemente bloqueara la expresión junto con su recuerdo posterior, y no bloqueara el dolor mismo.

Nos resulta más fácil conocer lo que una persona está sintiendo si ella intenta comunicarse o aportar sus sentimientos verbalmente. Aportar significa trasladar o transmitir, y comunicarse significa convertir algo en común tanto para el que habla como para el que escucha; ¿pero qué es lo que realmente se aporta o se hace común? Desde luego, es muy impreciso decir que . El significado de una expresión es diferente para el que habla y para el que escucha; el significado para que habla debe verse en las circunstancias en que emite una respuesta verbal, y el significado para el que escucha, en la respuesta que da al estímulo verbal. En el mejor de los casos, se podría decir que el producto final de la comunicación es el hecho de que la respuesta de quien escucha sea apropiada a la situación del que habla. Una descripción del estado corporal de quien habla no produce por sí misma un estado similar sentido por quien escucha. No hace que un sentimiento sea común a ambos.

Otra técnica para es describir la situación que despierta el mismo sentimiento. De la misma manera como describimos algo diciendo a qué se parece, y así ponemos al que escucha a sentir lo que sentimos nosotros describiendo una situación que era una condición que se siente de la misma manera. Vimos un ejemplo de esto en el informe de Keats de cómo se sentía la primera vez que vio el Homero de Chapman. El novelista con el lector describiendo situaciones que generan sentimientos. (La misma práctica es útil en la : se desarrolla un argumento a partir del cual el lector llega a la misma conclusión que el escritor.)

Los términos que describen los hechos privados son necesariamente inexactos. Esto se aplica al mundo de las ideas (no resulta de mucha ayuda que se nos diga que ), e incluso las referencias más específicas a la habla mente está>son deficientes. No todas las contingencias se puedes sustituir con reglas, y algunos comportamientos moldeados por contingencias están más allá del alcance de la descripción verbal. De igual manera, la descripción más precisa de un estado de sentimiento no puede corresponder exactamente al estado sentido. Los sentimientos del místico o del esteta son , y hay otros sentimientos que solamente se pueden conocer pasando a través de la historia apropiada. Solamente quien ha vivido en un campo de consternación puede saber realmente , porque no hay nada igual que genere sentimientos comparables en las otras personas. Si es cierto que solamente quienes han pasado por el psicoanálisis pueden saber , entonces posiblemente no exista nada que se sienta de la misma manera.

Por muchas razones tratamos de descubrir como se siente otra persona. Gran parte de nuestro comportamiento recibe refuerzo del efecto que tiene sobre los demás, y posiblemente sea mayo el refuerzo si el efecto es claro. Así, podemos actuar para reforzar a quienes nos gustan o a quienes amamos, y para evitar producirles daño, en parte por lo que ellos hacen por nosotros. (Esta tendencia podría ser innata, puesto que hay un valor de supervivencia, por ejemplo, en el comportamiento de la madre que alimenta y cuida a sus hijos y los protege del peligro y que, al hacerlo, suministra las condiciones que clasifican a los reforzadores como positivos o negativos, pero las contingencias sociales de refuerzo generan comportamientos comparables.) Es importante que quien recibe muestre que hemos tenido éxito, y puede hacerlo informando acerca de sus sentimientos. La persona que recibe masajes dice que se siente bien; la persona para quien se toca una obra musical particular dice que le gusta. Cuando estos están ausentes podemos preguntar o ignorar de otra manera cómo se siente una persona.

Parece que puede haber una razón más fuerte para probar los sentimientos de los otros. Si <LO persona que la se el de no su es siente comportamiento respecto como sino comportamiento, cuenta>, entonces descubrir los sentimientos debería ser lo más importante. Pero lo que una persona siente respecto de su comportamiento, depende del comportamiento y de las condiciones de las cuales es función, y nosotros podemos manejar estas cosas sin examinar los sentimientos. Cuando ayudamos a la gente a actuar de manera más efectiva, puede parecer que nuestra primera tarea debería ser la de cambiar la forma como se siente y de ahí la forma como actúa, y a partir de este cambio conseguir, de manera incidental, alterar la forma como se siente.

En el análisis comportamental, conocer a otra persona, simplemente, es conocer lo que se hace, lo que ha hecho, o lo que hará, y la dotación genética y los ambientes pasado y presente que explican por qué lo hace. Esto no es tarea fácil. Porque muchos hechos pertinentes están fuera del alcance, y cada persona es, sin duda, única. Pero nuestro conocimiento de otra persona está limitado por la accesibilidad, no por la naturaleza de los hechos. No podemos conocer todo lo que puede conocer, de la misma manera como no podemos conocer todo lo que nos gustaría conocer acerca de los mundos de la física y de la biología, pero eso no significa que lo que sigue siendo desconocido sea de naturaleza diferente a lo que conocemos. Lo mismo que en las otras ciencias, con frecuencia carecemos de la información necesaria para la predicción y el control, y debemos concentrarnos con interpretaciones. Pero nuestra interpretaciones tendrán el respaldo de la predicción y del control que se han logrado bajo otras condiciones.

Podemos conocer a otra persona en los otros sentidos del conocimiento discutidos en el capítulo 9. Entendemos a otras personas y actuamos en relación con ellas, y la simple percepción de los demás debe incluirse como una de nuestras respuestas hacia ellas. Todo esto depende de lo que hagan los otros, mucho más de lo que sientan o informen que sienten.

EL AUTO-CONTROL

El auto-control plantea la misma pregunta que el auto-conocimiento: ¿quiénes son el yo que controla y el yo controlado? Y, de nuevo, la respuesta es que son repertorios de comportamiento. El auto-control intelectual discutido en el capitulo 7 supone cambiar una situación hasta que aparezca una respuesta que solucione un problema, y el repertorio de solución de problemas hace más efectivo al repertorio que contiene la solución correcta. Los dos repertorios se distinguen muy fácilmente en el auto-control ético. El yo controlado se compone de lo que significativamente se llama comportamiento egoísta, producto de los reforzadores biológicos a los cuales ha llegado a hacerse sensible la especie a través dela selección natural. El yo que controla, por otra parte, se construye principalmente por acción del ambiente social, que tiene sus razones egoístas para enseñar a una persona a alterar su comportamiento de manera que se haga menos aversiva y, posiblemente, más reforzante para otros.

Con frecuencia se presenta el auto-control como la manipulación directa de los sentimientos y de los estados de la mente. Una persona puede cambiar su mente, usar su fuerza de voluntad, detener sus sentimientos de ansiedad y amar a sus enemigos. Lo que realmente hace cambiar el mundo en el que vive. Tanto en el auto-control intelectual como en el ético, analiza las contingencias y puede extraer y aplicar reglas. Pero, en este sentido, sería muy poco el auto-control que se podría aprender en el lapso de una sola vida. De ahí el valor de la sabiduría popular, de la reglas de sentido común, de los proverbios, las máximas y otras normas que deben seguirse para ajustarse de manera más fácil a las contingencias que describen. La Regla de oro constituye un ejemplo ilustrativo. Sería imposible producir una tabla de mandamientos aplicable a todas las cosas que hacen las personas y que afectan a los otros; pero para descubrir si un acto particular tiene probabilidad de recibir castigo por afectar aversivamente a otros, se pide al individuo que examine el efecto que tendría sobre sí mismo. Esta es la forma primera y negativa de la regla, pero la persona puede buscar también efectos reforzantes. La regla total le dice que no actúe si el efecto le resultara aversivo a sí mismo, y que actúe si el efecto le resulta reforzante. Nótese que no se le impide que examine sus sentimientos supuestos, ni que prediga los sentimientos que su comportamiento induciría en otros; se le pide que vez si ésa es la clase de consecuencia por la cual ella actuaría. Cuando examina ese efecto sobre sí misma (como cuando recuerda su historia y generaliza a partir de ella), bien puede responder a las condiciones de su propio cuerpo en lugar de responder a los cambios inducidos en su comportamiento. Las condiciones sentidas en asociación con los reforzadores son prominentes; pero el auto-control se interesa por las consecuencias, muchas de las cuales se deben a la acción de otros, y la regla se aplica más exactamente si la persona recuerda, no lo que ha sentido, sino lo que ha hecho cuando otros le han tratado de una manera dada.

Existen ciertas técnicas bien conocidas de auto-control diseñadas para poner en juego la historia de una persona con el fin de compensar un afecto aversivo. Por ejemplo, el tomar bebidas alcohólicas tiene frecuentemente dos consecuencias opuestas: un refuerzo inmediato y un castigo demorado. Después de recibir castigo, la persona puede que no bebe más. Una resolución es una especie de regla elaborada por la persona misma, diseñada para ampliar hacia el futuro el efecto del castigo, pero en una ocasión posterior el efecto reforzante inmediato puede todavía imponerse. Recordar la resolución es un signo de auto-control, aunque posiblemente sea inefectivo. Tal vez sea más efectivo evitar las situaciones en las cuales es probable que se caiga en la bebida (). Una técnica común de auto-control intelectual consiste en preparar una situación – por ejemplo, un estudio en el cual existan pocas interferencias para una determinada clase de comportamiento-. La clausura o la condición del ermitaño tienen efectos similares en el auto-control ético. El artista que pinta con minuciosidad fotográfica está bajo el control poderoso de un modelo, pero si puede poner en juego su historia personal, su obra manifestará una especie de generalidad, porque estará menos estrechamente adherida a una situación. Habrá extraído , atenuando el control ejercido por el contexto presente. Este mismo principio subyace a la práctica del zen, en el cual, por ejemplo, el arquero aprende a minimizar los rasgos particulares de un solo caso. Se dice que, tanto el artista como el arquero, la situación inmediata; llegan a de ella.

La historia personal repercute en el auto-control de otras maneras. El individuo que se resiste a <SOSTENERSE>en un campo de concentración, el que no que <QUIEBRA>ante los esfuerzos por disminuir o destruir su dignidad o su identidad, ha trascendido el contexto actual. Decir que este individuo es capaz de infundir un sentido diferente a ese ambiente equivale simplemente a decir que está bajo el control más poderoso de su historia.

Con frecuencia, al objetivo del auto-control se le llama auto-realización o auto-actualización. Parece que la auto-realización se relaciona con el logro, con evitar limitaciones y con descubrir reforzadores positivos. Parece que la actualización tiene que ver más con la maximización de las historias genética y ambiental con el fin de liberar la persona de contextos inmediatos. En ambos casos, el acento se pone claramente en el aquí y el ahora, en el estar o bienestar, o en el devenir momentáneo.

Recientemente se ha mostrado mucho interés en el llamado auto-control de las respuestas autónomas, tales como los cambios en el ritmo cardíaco, en la presión sanguínea, en el rubor, o en la transpiración. A estos mecanismos reflejos se les ha llamado involuntarios, y, como vimos en el capítulo 4, parecería que esto los pondría fuera del comportamiento operante, pero se pueden preparar las condiciones necesarias para un condicionamiento operante. El comportamiento autónomo se relaciona de ordinario con la economía interna, y ha habido pocos efectos sobre el ambiente que hagan importante el condicionamiento operante de estas respuestas, pero se puede construir un indicador manifiesto dela ocurrencia de respuestas, y así se pueden establecer las contingencias operantes. Por ejemplo, un determinado ritmo cardíaco puede hacer que se encienda una luz a la cual siga una consecuencia reforzante. Pero el hecho de acelerar o desacelerar el pulso no constituye un auto-control mayor que el hecho de acelerar o desacelerar la marcha al caminar. La única diferencia consisten que al pulso no le siguen normalmente consecuencias reforzantes que lo coloquen bajo el control operante. Algunas veces, las consecuencias se hacen más evidentes en el condicionamiento operante de los músculos esqueléticos. Así pues, es más fácil aprender a mover las orejas, mirándose en el espejo para mejorar la retroalimentación, y a veces pueden aumentarse por la misma razón los movimientos de una pierna parcialmente paralizada.

Hasta cierto punto podemos controlar el propio impulso comportándonos de maneras que le afecten, acelerando el ritmo cardíaco con el ejercicio violento o desacelerándolo con relajación. El control operante directo del comportamiento autónomo solamente se puede demostrar cuando se elimina el control indirecto. Hace muchos años, un colega mío y yo tratamos de reforzar los cambios en el volumen del antebrazo, que presumiblemente reflejaban la relajación de los vasos sanguíneos. Uno de nosotros debía colocar su antebrazo en una manga llena de agua (llamada pletismógrafo) cuyo volumen se señalaba en un contador. Encontramos que podíamos mover el indicador en una dirección que señalaba que el volumen de nuestro brazo había aumentado, pero más tarde descubrimos que eso ocurría porque respirábamos cada vez más profundamente. Cuando dejábamos una cantidad mayor de aire residual en los pulmones, introducíamos más sangre en el brazo. Existen formas de eliminar estas respuestas mediadoras, y entonces se hace posible el control operante puro del comportamiento. Sin embargo, ése no es el tipo de auto-control que aquí nos interesa.

Cuando se han aprendido las técnicas de auto-control, ya no son necesarias las contingencias instruccionales mantenidas por la comunidad verbal. El comportamiento resultante del buen auto-control es más efectivo y, por tanto, recibe abundantes refuerzos de otras maneras. Es posible que los efectos privados empiecen a ejercer una clase de control más preciso, y en ese caso se supera el problema de los acontecimientos privados al cual hace frente la comunidad verbal. Entonces, el auto-control se torna tan automático en su dependencia de los estímulos privados como los diestros movimientos de un acróbata, pero aunque estas contingencias pueden conducir a una efectiva auto-estimulación privada, no conducen a estímulos que utilizamos en el auto-control como de los que utilizamos cuando hacemos volteretas.

CONTROL DE LA OTRA PERSONA

Una persona controla a otra en el sentido en que se controla a sí misma. No lo hace cambiando lo sentimientos o estados de la mente. Se decía que los dioses griegos cambiaban el comportamiento dando al hombre y a la mujer estados mentales como el orgullo, la confusión mental o el coraje, pero desde entonces nadie ha logrado hacerlo. Una persona cambia el comportamiento de otra cambiando el mundo en el cual vive. Al hacerlo, indudablemente cambia lo que la otra persona siente u observa introspectivamente.

Condicionamiento Operante. Todo lo que sabemos del comportamiento operante es relevante para hacer que el comportamiento tenga mayor o menor probabilidad de ocurrencia en una ocasión dada. Este es el campo tradicional de los premios y castigos, pero se pueden hacer distinciones más precisas para sacar provecho de lo que sabemos acerca de las contingencias de refuerzo. Desgraciadamente, los reforzadores de uso más frecuente son negativos: el control gubernamental y religioso se basa precisamente en la amenaza de castigo (el <PODER>) y a menudo las prácticas no institucionales son de esa misma clase. Entre los reforzadores positivos se encuentran los bienes y el dinero del control económico en la agricultura, el comercio y la industria, y, de modo menos formal, en la vida diaria (<LA riqueza> o <EL privilegio>). Con frecuencia, el contacto personal es asunto de aprobación (<PRESTIGIO>) o censura, algunas de cuyas formas son efectivas posiblemente por razones genéticas (<EL del el de es hombre civilizado asentado hondamente más instinto quizás aprobación deseo>), pero que comúnmente derivan su poder en el intercambio con otros reforzadores.

En términos tradicionales, una persona prepara contingencias positivas o negativas con el fin de crear intereses, dar ánimo, inculcar incentivos o propósitos, o despertar la conciencia en otra persona. Al hacerlo, la coloca bajo el control de diversos rasgos de su ambiente. Suspende el refuerzo con el fin de disuadir o desalentar. Utiliza reforzadores derivados de consecuencias diferidas para . Cuando hace esto, no necesita fomentar el auto-conocimiento, pero es importante el aumento del auto-conocimiento ().

Descripción de las contingencias . A menudo se confunde la preparación de las contingencias de refuerzo operante con la descripción de las mismas. Esta distinción es tan importante como la que existe entre el comportamiento moldeado por contingencias y el comportamiento gobernado por reglas. Cuando prevenimos a una persona diciendo, , o colocando en un cruce una señal que dice , describimos el comportamiento (entrar o detenerse), e identificamos o damos a entender las consecuencias pertinentes. No preparamos necesariamente las contingencias. Una señal de parar, simplemente puede indicar el tipo de cruce en el cual probablemente tengan problemas los conductores, de la misma manera como el anuncio al lado de un estanque detiene al patinador sin amenazar con una acción castigante de la autoridad. Pero de ordinario se agregan consecuencias aversivas preparadas. El niño que permanece fuera cuando se le dice entre, no solamente se mejorará, sino que se le castigará por desobediente. El conductor que no se detiene en el cruce no solamente correrá el riesgo de tener un accidente, sino que recibirá una multa (la señal será particularmente efectiva si hay un castigador – un policía visible).

La advertencia, como las reglas que discutimos en el capítulo 8, presenta las razones explícitas en forma de descripción (posiblemente, incompleta) de las contingencias.

La persona que responde debido a una advertencia se comporta racionalmente en el sentido de aplicar una regla, y es muy probables que esto se diga aunque pueda haber aprendido a responder debido a advertencias pasadas; si ahora lo hace porque ha analizado la situación, y, por decirlo así, se ha advertido a sí misma. Ella describe su propio comportamiento y las contingencias responsables de éste, y, como resultado, tiene mayor probabilidad de comportarse de manera apropiada en ocasiones futuras. La ley da mucha importancia a este aspecto; la persona que ha ponderado las consecuencias de su acción, que conoce el efecto que tendrá su comportamiento, es especial sujeto de castigo.

También hablamos de las consecuencias –damos razones- cuando exhortamos a una persona a actuar, o la urgimos, o la persuadimos para que actúe. Urgir es hacer que algo sea más urgente agregando estímulos aversivos condicionados; persuadir es agregar estímulos que forman parte de una ocasión de refuerzo positivo. El contrato es una clase más explícita de regla. Un contrato laboral especifica, entre otras cosas, lo que debe hacer un trabajador y cuánto se le ha de pagar. Cuando se le dice a un niño que si comporta bien obtendrá un regalo, se está poniendo en marcha la ejecución de un contrato. Entonces, el niño y el trabajador pueden comportarse con el fin de que se les pague o se les obsequie, respectivamente, pero el comportamiento puede ser débil. Puede suceder que haya que suplementar la regla con contingencias adicionales como la amenaza del supervisor de despedirle, o repetidas señales de desaprobación por parte de los padres.

Medidas emocionales y motivacionales. Cuando estamos en condiciones de hacer bien a una persona (es decir, hacer algo que ella llama bien) podemos hacer ese algo contingente con una determinada topografía de comportamiento bajo el control de un estímulo determinado. Si sin considerar ninguna relación contingente, podemos saciar a la persona, y con ello reducimos la probabilidad de que emita el comportamiento reforzado, lo mismo que su susceptibilidad de reforzarse más con ese bien. Por el contrario, cuando retenemos el bien, podemos extinguir cualquier comportamiento que se haya reforzado con él, pero si lo retenemos sin relación con lo que se está haciendo, creamos un estado de privación en el cual el comportamiento reforzado con ese bien se hace fuerte y el bien es altamente reforzante, y creamos una disposición emocional para perjudicarnos. Nosotros, lo mismo que el sujeto de nuestra atención, podemos sentir u observar introspectivamente muchos estados corporales relacionados, pero el control de las contingencias es lo que constituye el paso efectivo.

Pasamos a discutir brevemente algunos campos conocidos de control.

Enseñanza. Todos hemos sufrido, e infortunadamente seguimos sufriendo, las teorías mentalistas del aprendizaje en la educación. Este es un campo en el cual parece obvio que el objetivo consiste en cambiar mentes, actitudes, sentimientos, motivos, etc., y, por lo tanto, el es muy resistente al cambio. Sin embargo, el objetivo de la educación se puede formular en términos comportamentales: el maestro prepara las contingencias bajo las cuales el estudiante adquiere el comportamiento que le será útil bajo otras contingencias más tarde. Las contingencias instruccionales se deben prepara; no hay otra forma de hacerlo. El maestro no puede traer a la sal de clase muchas cosas de la vida real del estudiante para desarrollar el comportamiento apropiado. Los comportamientos que hay que predecir de antemano se relacionan tanto con el pensamiento productivo y la actividad como con los hechos simples y las destrezas.

He aquí una muestra de lo que se opone a la educación efectiva: se dice que . posiblemente representan el comportamiento de diseñar y construir escuelas y programas instruccionales; presumiblemente se infieren de sus comportamientos; y las cosas que de un niño posiblemente sean las condiciones bajo los cuales el niño adquiere los tipos de comportamiento que discutimos en el capítulo 7. Nuestra traducción diría: . Esta afirmación carece de la profundidad del original, pero en este caso profundidad del original, pero en este caso profundidad equivale ciertamente a oscuridad, y la traducción tiene le mérito de decirnos dónde hay que empezar a hacer algo para mejorar la enseñanza.

La educación cubre el comportamiento del niño o de la persona durante un período de muchos años y, por tanto, los principios del desarrollismo son particularmente nocivos. La metáfora del crecimiento empieza en el jardín infantil y continúa hasta la educación superior, apartando la atención de las contingencias responsables de los cambios en el comportamiento del estudiante.

Ayuda. La psicoterapia se ha comprometido explícitamente con los sistemas mentalistas mucho más que la educación. La enfermedad que es el objeto de la terapeútica se llama mental, y ya hemos examinado el aparato mental de Freud y algunos procesos intrapsíquicos de los cuales se dice que están desarreglados o trastornados en el enfermo mental. Lo que anda mal se explora de ordinario en el campo de los sentimientos (En un momento determinado, incluso se llegó a sugerir que el psiquiatra debía tomar LSD para descubrir cómo se siente cuando se padecen desarreglos mentales.)

Las medidas que se toman para cambiar los sentimientos – como en el caso en el o la – funcionan construyendo contingencias de refuerzo aconsejando al paciente sobre dónde encontrar contingencias favorables, o dando reglas que generen comportamientos que tiene n probabilidades de recibir refuerzo en la vida diaria. A menudo se supone que la terapéutica del comportamiento es exclusivamente un asunto de preparar contingencias reforzantes, pero realmente incluye el dar la paciente consejos, advertencias y reglas para seguir adelante.

Cuando el problema que exige terepeútica se debe a la carencia de reforzados sociales o íntimamente personales, la solución puede ser difícil. Obviamente, la persona podría aprovechar el refuerzo de la atención, la aprobación o el afecto, pero si estas cosas no son las consecuencias naturales de su comportamiento – si no merece atención, aprobación o afecto- no será posible arreglar las contingencias necesarias. La atención, la aprobación o el afecto fingidos causarán eventualmente más problemas que los que solucionan, e incluso la utilización deliberada de la atención disminuye su valor.
, dice Carl Rogers, Pero ambas cosas no son contrapuestas. Se puede ayudar a una persona arreglando un ambiente que ejerza control, y si no me equivoco, no se puede ayudar a una persona si no se hace esto. Los llamados psicólogos humanistas controlan a las personas, si es que tienen alguna influencia sobre ellas, pero no se permiten analizar sus propias prácticas. El resultado deplorable es que no pueden enseñar sus prácticas, y hasta pueden decir que es un error enseñar. La palabra indica los intereses de la persona ayudada, y la palabra los intereses del que controla, pero antes que decidamos que lo primero es bueno y lo segundo malo, debemos preguntarnos si el que controla es afectado por su propio bien o por el bien de los otros. Debemos preguntar por qué la gente ayuda a los demás, y al hacerlo ejerce control. La cultura del terapeuta debe llevarle a actuar de maneras que sean buenas para la persona a quien ayuda, y el problema de quienes se interesan en la terapeútica consiste en producir esa cultura, no en encontrar terapeutas humanos. Pero esto es anticipar el tema del capítulo siguiente.

Gobierno. En su sentido más amplio, esta palabra debería incluir toda forma de control, pero de ordinario se limita a las prácticas gubernamentales y religiosas, particularmente las punitivas y aquellas de las que se dice que construyen el sentido dela responsabilidad. Lo mismo que el deber (lo que se debe a otros) y la obligación (lo que se está obligado a pagar), la responsabilidad sugiere consecuencias aversivas, y algunas veces decimos que una persona es responsable simplemente en el sentido de que responde a las contingencias aversivas. Lo hacemos responsable manteniendo tales contingencias. (Lo mantenemos responsable en el sentido más general de llevar una información de su comportamiento para ver si cumple con las especificaciones en las cuales puede ser contingente es escape del castigo.) De esto no se sigue que tenga una responsabilidad; el hecho escueto es que le han afectado ciertas clases de contingencias. Si no han logrado hacerlo, es porque la persona es incontrolable, no irresponsable, y en alguno ambientes ha habido tendencia a sustituir el término responsabilidad por controlabilidad.

Diversión. Se ha dicho que existe un campo en el cual lo que se hace no realmente control, aunque es muy importante su efecto sobre las otras personas. El artista, el compositor, el poeta o el novelista producen algo que parece justificarse únicamente en el hecho de ser reforzante, sin que se preste atención a las contingencias. (El arte religioso, la música ceremonial y los libros con un mensaje se diseñan para inducir a la acción, y hay efectos similares que se utilizan con propósitos educativos, terapéuticos, etc. La pintura reforzantes, los mobiliarios y la música de fondo se utilizan para hacer que los almacenes, las oficinas y los vestíbulos de los hoteles funcionen como reforzadores condicionados para aumentar la probabilidad de que las personas vengan de nuevo. Pero aquí estoy hablando de arte .) En el mejor de los casos, el artista, el compositor o el escritor actúa para producir algo que le refuerza a él mismo, y hay mucha probabilidad de que continúe produciendo si las cosas suceden en esa forma. Pero no debemos pasar por alto el hecho de que el consumidor de arte, música y literatura también reciben refuerzo. Miramos cuadros, vamos a las galerías para verlos, los compramos o compramos copias para verlas, porque nos reforzamos cuando lo hacemos. Tocamos música que es reforzante, vamos a conciertos o compramos discos. Compramos y leemos libros. Estos hechos probablemente no sean del todo indiferentes para el artista, el compositor o el escritor, pero aunque lo fueran, no hay razón para que la explicación conductista no pueda enumerar los efectos reforzantes de las obras de arte, música y literatura y manejarlos como tales, en vez de hacerlo en la forma del conocimiento contemplativo que discutimos en el capítulo 9. El hecho de que falte un comportamiento muy manifiesto no significa que se haya demostrado la existencia de la vida mental.

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